Seguramente habrás bailado o visto bailar el Pericón en tu escuela o colegio.
La Escuela de Artes y Oficios, que pasaría después a ser la sede central de la Universidad del Trabajo, funcionó en un edificio montevideano que empezó a construirse en 1881.
Según el escritor e investigador Arturo Scarone, allí la banda de esa institución ejecutó por primera vez el Pericón Nacional, el 3 de agosto de 1887.
Se bailó tanto en nuestro país, como en Chile y Paraguay.
El Pericón Nacional tiene una serie de figuras, que realizan las parejas, guiadas por un bastonero. Precisamente el nombre de Pericón, según Fernando Assunçao, “...se lo prestó el bastonero, porque Pericón habrá valido por charlatán, mandón y hasta genioso; exactamente como un loro grande, pues perico y loro son sinónimos.
Y el bastonero, como esos animalitos domésticos, estaría siempre repitiendo sus órdenes y los nombres de los participantes, muchas veces con bastante aspereza y énfasis, como suelen hacer aquellas aves de bastante mal carácter.”
Balanceos, espejitos, ruedas, valsecitos y cadenas son algunas de las figuras, entre las que se intercalan las relaciones, tan disfrutadas por ser mensajes llenos de picardía que se intercambian las parejas.
Sobre el final, el pabellón nacional que forman los bailarines con sus pañuelos pone una emotiva nota que todos aplauden.
Así se refiere a esta danza el poema uruguayo Carlos Roxlo, quien en un fragmento de su poema “Pericon Nacional” dice:
“Es el baile nativo. Nuestros camperos
aprenden de memoria sus relaciones,
y cuando lo preludian los guitarreros
florecen más aprisa los limoneros
y laten más aprisa los corazones.”
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