Empezó a dibujar desde muy pequeño. También muy joven, pudo viajar a Italia. Vivió seis años en Roma estudiando pintura, trabajando y poniéndose en contacto con las obras de los grandes artistas de la época.
Luego regresó a nuestro país, frecuentó las reuniones literarias, leyó con gran avidez la prosa y la poesía que se estaba creando, pero sobre todo se dedicó a pintar retratos.
Fernandez Saldaña en su obra Pintores y escultores uruguayos, cuenta que cuando el joven artista se encontraba en Italia, unos estudiantes de arte mostraron a un famoso pintor dos cabezas dibujadas en carbón, preguntándole si eran obras suyas. El maestro no dudó en decir que él las había dibujado, aunque no recordaba cuándo. Su sorpresa fue enorme cuando le dijeron que su autor era “un muchacho extranjero, americano y uruguayo”. El pintor, admirado ante las obras, quiso conoer a su creador. Era Carlos Federico Sáez.
Familiares y amigos que pasaron por su taller fueron retratados por Sáez. Con pinceladas rápidas, con una técnica propia, que lo convirtió en uno de los revolucionarios de la plástica nacional, supo captar como pocos la expresión exacta y el carácter de sus modelos.
Carlos Federico Sáez falleció en el verano de 1901. Tenía apenas 22 años.